Es necesario clarificar qué es lo que se entiende por Capital Social, ya que muchas veces el concepto es utilizado a nivel político y académico, dando por sentado sus dimensiones y sobreestimando su efecto sobre el comportamiento de personas y grupos. El Capital Social comúnmente aparece dotado de una connotación positiva, casi mística, y asociado a conceptos como redes sociales y participación ciudadana.
Según Durston (2000), el Capital Social constituye un paradigma emergente rico en conceptos que corresponde a realidades sociales altamente relevantes para diseñar programas orientados a promover la participación social y superar la pobreza, en un contexto de insuficiencia del Estado y el Mercado por solucionar los problemas sociales. En este contexto, se habla de capital social en el sentido de un recurso (o vía de acceso a recursos) que en combinación con otros factores, permite lograr beneficios para quienes lo poseen. Esta forma específica de capital residiría en las relaciones sociales (Adler y Kwon, 2002).
Por su parte, Bourdieau (1985) define al Capital Social como el agregado de los recursos reales o potenciales ligados a la posesión de una red durable de relaciones más o menos institucionalizadas de reconocimiento mutuo, mientras que Coleman (1988) lo define como los recursos socio–estructurales que constituyen un activo de capital para el individuo y que facilitan ciertas acciones comunes de los agentes dentro de la estructura (Durston, 2000).
Según Serrano, Alarcón y Tassara (2006) el concepto de Capital Social está ligado a 2 grandes dimensiones: al enfoque de vínculos ligado a redes sociales (Granovetter, Atria, Woolcock, entre otros) y el individual y comunitario (Durston), los cuales producen beneficios que pueden organizarse en tres tipos: 1) económicos y materiales, los que permiten acceso a mejores niveles de bienestar; 2) sociales y culturales, los que generan beneficios en el ámbito de la integración social; y 3) políticos y cívicos, los que colaboran a alcanzar mayores de cuotas de poder e influencia social. Estos activos son de beneficio directo para los participantes, para la comunidad y para la sociedad en su conjunto (Serrano, et. al, 2006; 13).
Según el PNUD, se habla de Capital Social para destacar el poder creativo de determinadas formas de organización para dinamizar y potencias la vida social. El PNUD, siguiendo a Putnam, señala que el Capital Social abarca “aquellos rasgos de la organización como confianza, normas y redes que pueden mejorar la eficiencia de la sociedad, facilitando acciones coordinadas” (Putnam, 1993; 167 en PNUD, 2000). Mediante normas de eficiencia y reciprocidad se generan redes de compromiso cívico que contribuyen, en su conjunto, al bienestar.
Para el PNUD, el Capital Social permite: a) compartir la información y disminuir la incertidumbre acerca de la conducta de los otros, b) reducir la tentación de actitudes oportunistas mediante la coordinación, c) gracias al carácter reiterativo de la cooperación, incentivar la prosecución de experiencias exitosas; y d) fomentar una toma de decisión colectiva y así lograr resultados equitativos para todos los participantes (PNUD, 2000; 109).
Más allá de una visión positiva también se hace mención a como el Capital Social está presente en asociaciones delictivas, redes de corrupción (Parker, 2001, Granovetter, et. Al, 2005), redes de protección, entre otros.
Por último, se establecen dos dimensiones para el Capital Social, 1) el capital social requiere una red objetiva de vínculos entre individuos, y 2) requiere que los vínculos entre los individuos sean basados en la confianza, reciprocidad y sean emocionalmente positivos. (Paxton, 2002)